19 de febrero de 2013

Sábado, día de atracciones para los Patos Salvajes

Nuestro fin de semana tan especial consistió en hacer un viaje a Madrid. Más que un viaje, fue una aventura. Después de irnos en mayo de campamento a un pueblo de la provincia de León, no pensábamos que seríamos capaces de organizar un viaje tan grande como el de Madrid, pero con mucho empeño y trabajo por parte de algunas personas, se consiguió. 

Totalmente preparados, nos subimos al típico y, gracias a este viaje, amado autobús Jano, con nuestro conductor Álex al volante, y nos acomodamos para enfrentar un viaje de casi seis horas de duración.
Llegamos a Madrid, nos repartimos en las diferentes habitaciones y bajamos a cenar. (Gracias por todos los detalles del cumple). Después de eso, nos fuimos a dormir, que tocaba reponer fuerzas para un ansiado y activo sábado.



A la mañana siguiente, el cielo nos sonrió, dejando entrever algún rayo de sol.
Con todas las ganas del mundo y las pilas bien cargadas, tras desayunar, fuimos al Parque de Atracciones de Madrid. Este era el eje central del viaje; a partir de esta actividad se organizó todo. No fue un fin de semana principalmente turístico, sino que tenía la visita al parque de atracciones como actividad central y la visita al estadio Santiago Bernabéu como actividad secundaria. ¿Qué es eso de perder tiempo de diversión viendo monumentos? ¡¡¡¡¡A las atracciones!!!!! :)

A las 12:00 horas abría sus puertas el parque, así que esperamos ansiosos en la puerta.
3,2,1... ¡Yujuuuu!
El parque ya era nuestro. Solo veíamos sudaderas y camisetas de patos de mil colores diferentes. 
¡Hasta de Bob Esponja y de Patricio llamamos la atención!


Empezamos a subir en las atracciones, y la primera que escogimos fue la lanzadera. El pistoletazo de salida. Madre, qué velocidad, vaya adrenalina.


Nos fuimos subiendo en grupos de cuatro. No hubo uno que no se subiese, que aunque pueda parecer que no, los patos tenemos una valentía.... Alguno se bajó la primera vez asustado y a los dos minutos ya estaba sentado ahí otra vez, así que imaginaos el éxito de la lanzadera.
Fuimos haciendo ruta por el parque, subiéndonos en todo. Que si a matar arañas en un tren, que si en una montaña rusa que era una tarántula, que si a la montaña rusa naranja de los loopings (o lúpins, como los llamo yo)... El tiempo se pasaba volando, pero ni nos enterábamos. 
Eso sí, a muchos ya nos daba vueltas la cabeza (y el desayuno) de tanto girar, de tanto "¡sin manos!", y demás cosas que podéis imaginaros. 


Sobre las dos del mediodía nos fuimos a comer al bar, y compartimos las experiencias de la mañana. Algunos tardaron exactamente DOS MINUTOS en comer para poder ir corriendo a las atracciones. Por supuesto, esperamos a que bajara un poco la comida, que tanta vuelta p'aquí, tanta vuelta p'allá no podía ser bueno con el estómago lleno.
Después de comer hubo hasta una declaración de amor por el día de San Valentín. Si es que tienen un corazón...

Al salir del bar, uno de los monitores, nuestro querido Alberto, tuvo la brillante idea de sugerirnos subir a los rápidos, atracción de agua que, al parecer, no mojaba.
Una imagen vale más que mil palabras:


¡PERO NO MOJABA, EH!
Aún así nos lo pasamos genial, montamos hasta tres veces...
Poco después de esto, llegó la atracción estrella para todos nosotros. Se llevó el premio, fue la que más nos gustó a todos: El Tren de la Mina. Una montaña rusa que tenía lo necesario para hacerla ideal: velocidad, curvas, subidas y bajadas, duración idónea...

Hicimos tantas cosas... Nos fuimos de excursión a la selva, navegando por un río en barco, viendo tribus, animales salvajes y monumentos ancestrales. 
Dimos la vuelta al mundo (casi) subidos en otro barco, viendo las diferentes culturas del mundo y deleitándonos con ellas. Culturas representadas con muñecos, nada más y nada menos. 
Nos fuimos hasta la Torre Eiffel de París que, para nuestra sorpresa, estaba rodeada de dinosaurios, montamos a caballo, viajamos en un tren antiguo, nos columpiamos por el aire, volamos (como buenos patos que somos) y mil cosas más.






Oh, y celebramos el cumple de una hermosa señorita :)


A las siete de la tarde el parque cerró sus puertas, pero no os penséis que nos fuimos de allí tristes, ¡qué va! La sonrisa no nos cabía en la cara. 
Y además, todavía quedaba la cena...



Igual os lincho a fotos, pero es que sus caras me parecen imprescindibles a la hora de contar el día.
Fue E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R.
Increíble, de verdad, una auténtica pasada de día. No pudimos pasárnoslo mejor.

Mañana os cuento qué tal por el Bernabéu.

Espero vuestros comentarios.

¡Musus y besines para todos!

:)





3 comentarios:

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